Mindfulness

Las ondas alfa deciden qué alcanzas a ver

La investigación de los últimos dos años precisó algo valioso para quien dirige: hay dos ritmos distintos, con dos funciones distintas, y las dos actúan antes de que exista la decisión.

Saliste de la reunión con la sensación de que algo no cuadraba, y no supiste decir qué.

Esa sensación tiene una explicación mejor que la intuición, y es una de las cosas más útiles que ha aportado la neurociencia reciente a quien toma decisiones todo el día.

Qué son las ondas alfa

Son oscilaciones de la actividad eléctrica cortical entre 8 y 13 ciclos por segundo. Están presentes todo el tiempo, en todas las personas despiertas. Lo que cambia es su amplitud, su frecuencia y —esto es lo importante— la fase en que se encuentran en el instante exacto en que llega un estímulo.

Durante décadas se las interpretó como actividad de fondo. La investigación de los últimos años muestra algo bastante más interesante: el ritmo alfa funciona como un mecanismo de compuerta que regula qué información entra al procesamiento.

El hallazgo que vale la pena conocer

Un trabajo publicado en PLOS Biology distingue dos redes alfa con funciones separadas, y la distinción es la parte aprovechable.

La red alfa visual modula la sensibilidad: cuánta información logras discriminar de lo que tienes delante.

La red alfa sensoriomotora modula el criterio: dónde pones el umbral a partir del cual consideras que algo es suficiente para actuar.

En el lenguaje de una reunión: una cosa es cuánto alcanzas a captar de lo que está pasando, y otra distinta es cuánta evidencia necesitas antes de pronunciarte. Son dos cosas diferentes, y desde afuera las dos se ven igual: «decidió mal».

Antes de que exista la decisión, ya ocurrió un filtro. Entender ese filtro es lo que permite trabajarlo.

Investigación complementaria de este año añade que la frecuencia alfa individual condiciona cuántas oportunidades tiene un estímulo de coincidir con una fase óptima de percepción, y que la fase altera el ruido interno con el que se representa esa información.

Sala de reuniones vacía al atardecer, con la luz del sol entrando en franjas sobre la mesa de madera

Qué significa esto para quien dirige

Conviene ser preciso con el alcance: estos estudios investigan decisiones perceptuales en laboratorio, no decisiones estratégicas de negocio. Lo que se puede sostener es el principio, y el principio es valioso.

Lo que llega a ser materia de deliberación pasó antes por un filtro que no controlas directamente. Cuando sales de una reunión con la sensación de que algo no te cuadró pero no sabes qué, es plausible que la señal estuviera ahí y no haya alcanzado a entrar.

Y le da base concreta a algo que cualquiera que dirige ya notó: la misma decisión, mirada a las nueve de la mañana y a las siete de la tarde, no es la misma decisión. No por falta de voluntad a las siete, sino porque el sistema que filtra lo que percibes está en otra condición.

Qué se puede entrenar

Cuatro cosas, todas practicables, ninguna mística.

  • Proteger las condiciones. Sueño, carga y densidad de interrupciones son las tres variables que más afectan el estado desde el que llegas a decidir. Las tres se gestionan con agenda.
  • Poner las decisiones donde corresponden. La calidad de lo que percibes no es constante durante el día. Ordenar la semana en función de eso es de las intervenciones más rentables que existen.
  • Separar sensibilidad de criterio cuando algo sale mal. ¿No viste la señal, o la viste y decidiste que no bastaba? Son dos conversaciones distintas con dos correcciones distintas, y confundirlas hace que el equipo aprenda la lección equivocada.
  • Practicar el intervalo. Es lo que la práctica de mindfulness entrena: el espacio entre el estímulo y la respuesta. Es la parte del proceso donde sí puedes intervenir conscientemente.

Qué esperar, con realismo

  • No hay un momento óptimo universal. La frecuencia alfa varía entre personas. El tuyo lo encuentras observándote, no copiando la rutina de otro.
  • Las condiciones pesan más que las técnicas. Si dormiste cinco horas, ninguna práctica mental lo compensa.
  • Esto no es un truco de productividad. Es entender un mecanismo para dejar de pelear contra él.

Por dónde se empieza

Por observar, durante dos semanas, en qué momentos del día tomas tus mejores decisiones y en cuáles las vuelves a abrir al día siguiente. Ese registro vale más que cualquier teoría, porque es tuyo.

Lo que cuesta hacer solo es el paso siguiente: reordenar la semana en consecuencia cuando todo parece urgente, y distinguir —caso a caso— si lo que falló fue que no viste la señal o que no la consideraste suficiente.

Eso es parte de lo que trabajamos en el Focus Method, y es la razón de que las primeras cuatro semanas no toquen ninguna decisión de negocio: primero se recuperan las condiciones, después se construye el criterio.

Si te reconoces tomando las decisiones importantes al final del día, cuando ya no queda nada, el punto de partida no es una técnica mental. Es dónde están puestas esas decisiones en tu semana.

Eso lo revisamos juntos en treinta minutos, sin presentación comercial. Si tu situación no es de las que este trabajo resuelve, te lo digo con franqueza.

Conversemos de tu situación